Al destapar el bote de mermelada e ir a meter el cuchillo para extenderla sobre el pan recién tostado, descubrió a un hombrecillo diminuto que, sonriente, flotaba dentro; este, al verla, se limitó a saludar levantando su bombín en un ademán cortes.
Y ella pensó: No veas cómo empieza el día...
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