sábado, 31 de agosto de 2013

     Y a mí que no me digan que quince años en la trena no aburren al más pintado. Tiene uno que ser muy animal, muy zoquete, para que no acabe consumiéndote tanto tiempo encerrado, con esa rutina que no le deja a uno lugar para pensar apenas. Y total por haber dejado con los mondongos al aire de una mojada a mi cuñado, que bien que se retorcía en el suelo, el muy cabrón, hasta que se le fue la vida. Pero, vamos, que otra vez que viviera, otra vez que lo despenaba con el jifero como a una bestia, por soplón .

     Dando vueltas a esto andaba Mateo, a quien la cincuentena le había pillado entre barrotes, cuando decidió que, ya que estaba suelto otra vez, se merecía despejarse como Dios manda la cabeza, echar una canita al aire. Así pues, después de merendarse con  una palomilla y un pan mollete con manteca y de haberse plantado el jersey aquel bueno que le regaló su hermana la Paca, hurgó en el bolsillo para tantear cuánto dinero tenía y, como tantas veces antes, cruzó la puerta de Hair's, antes Peluquería Raimundo, donde le dejaban siempre las greñas que daban gloria.





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