En algún lugar del mundo ha de existir ese sastre maravilloso que se dedica a coser abigarrados y enormes trajes de payaso que adorna con pajaritas absurdas. Y ese zapatero al que no le tiembla el pulso a la hora de confeccionar zapatones descomunales.
Y artesanos de dedos hábiles que recortan narizotas de fieltro y escupidoras flores falsas.
Eso es amor por el trabajo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario