Creedme: en los gimnasios de todo el país esperan agazadapas, entre botes de pastillacas encogepichas y batidos de proteínas, decenas de musculitos a lo Maciste; aguardan ansiosos los primeros calores de la primavera para lucir en camiseta sus hipertrofias carnosas como pavos reales que agitan su hipnótica cola.
Y a veces ni siquiera esperan al buen tiempo: recuerdo aquella vez, cuando aún no era verano (creo), y tú también estabas, cuando en el gimnasio comenzaron a quitarse las camisetas y a hacer el tonto, como una seminudista performance de la subnormalidad, hasta que llegó el monitor, y les echó la bronca.
ResponderEliminarEso y las camisas de tirantas...bleurg.